lunes, enero 15, 2018

LA FRIALDAD PAPAL CON SEBASTIÁN PIÑERA.



Entre tanta agitación relacionada con la visita del Papa Francisco a Chile, ha pasado a un segundo plano la inexistencia de una reunión privada con el presidente electo, Sebastián Piñera. Si bien van a poder encontrarse en el marco de una reunión de Su Santidad con académicos e intelectuales en la Universidad Católica, no reviste el grado que debiera tener el encuentro entre un jefe de Estado como el Vaticano y una autoridad electa.
Desde el punto de vista protocolar, es un desaire claro que ha puesto muy incómoda a la derecha. Cuando se planificó la visita del Papa, era evidente que Chile tendría en ese momento dos presidentes, pues habría concluido la segunda vuelta. La oportunidad pareció incluso un buen momento, para así poder construir relaciones con el gobierno que viene. Pero en la planificación, las cosas fueron distintas. Junto con la ausencia de una reunión con víctimas de abuso por parte del clero, se suma el ninguneo a la derecha. Más aún, si como ha trascendido en la prensa, en la visita que le hizo la Conferencia Episcopal al presidente electo éste le manifestó el interés de juntarse en privado con el Papa, recibiendo una respuesta negativa, con la evidente incomodidad del momento.
Una primera hipótesis para tal distancia es el conocido desagrado que tiene el Papa con la derecha latinoamericana. Su propio discurso es hostil al liberalismo económico, hasta niveles exagerados. Probablemente uno de sus más conocidos bergoglismos -como conoce la prensa a sus excentricidades verbales- es cuando calificó al dinero como el “excremento del diablo”. Si en Chile hay un político que representa el dinero es, sin duda, Sebastián Piñera. La amistad que éste tiene con Macri, para las narices de Bergoglio, implica más hediondez proveniente de las letrinas demoníacas.
Una segunda hipótesis es que el gobierno saliente presionó a los organizadores para que no ocurriera tal encuentro. Con ello podría asegurarse que se cumpla la hipótesis planteada en una columna firmada por la Presidenta, respecto a que Su Santidad viene a bendecir este nuevo país, más solidario y alejado de la lógica neoliberal del pasado, que por cierto incluye a la ahora maldita Concertación. Muchos en la derecha querrán ver esa operación, pero es poco plausible, pues no tiene La Moneda tal capacidad de operar, ni necesita estimular mucho a Francisco para que hable contra el lucro.
Esta distancia con la derecha tendrá consecuencias políticas. La instalación del mensaje que el lucro es malévolo servirá de consignas para opositores a Piñera y con ello complicará sus acciones políticas de los primeros días de su gobierno. Veremos a entusiastas antirreligiosos usar consignas y homilías papales como frases para hacer oposición a la derecha. Stalin solía preguntarse cuántas divisiones tenía el Papa para ningunear su poder, pero en Chile, al calor de sus palabras, podría armarse una armada antiliberal entre izquierdistas furibundos y místicos religiosos.
El Papa tiene un documento contra el neoliberalismo, dedicado a atacar el lucro y calificar de desequilibrio al poder de los mercados y de la especulación financiera. En ese mismo escrito, coloca a Dios y a la Iglesia del lado contrario del capitalismo. Curiosamente, es más cercano su planteamiento al del Frente Amplio que la doctrina de la católica Chile Vamos que pretende volver a estimular la iniciativa privada. Si además Francisco, como suele hacer, se manda una cuña contra el dinero, más se le enredará la madeja a Piñera.
Carlos Correa.

jueves, enero 11, 2018

EL VERGONZOSO VIAJE DE BACHELET A CUBA.



La visita de la saliente presidenta de Chile Michelle Bachelet a Cuba fue una desgracia para su legado como líder democrática. Pero lo que es aún peor, fue un duro golpe para lo que queda de la izquierda democrática, defensora de los derechos humanos y globalizada de América Latina.
Durante décadas, los gobiernos izquierdistas moderados de Chile han sido un referente para la izquierda democrática latinoamericana. Los políticos de centro izquierda de la región citaban a Chile –con razón– como un ejemplo de un país gobernado por la izquierda que logró reducir la pobreza a largo plazo sin la represión política, el caos económico ni la migración masiva de Cuba o Venezuela.
Chile redujo la pobreza del 40 por ciento de la población al final de la dictadura del general Augusto Pinochet en 1990 al 11,7 por ciento en 2015, más que cualquier otro país latinoamericano.
Y gran parte del éxito de Chile se debió a los gobiernos de centro-izquierda que vinieron después de Pinochet. Estos gobiernos firmaron acuerdos de libre comercio con docenas de países, mantuvieron buenas relaciones con la comunidad empresarial y defendieron los valores democráticos dentro y fuera del país.
Incluso Bachelet en su primer gobierno, de 2006 a 2010, se guió por el pragmatismo y las buenas políticas económicas. Pero en su segundo mandato, que comenzó en 2014, cedió a las ideas de la vieja izquierda de su juventud, y apoyó medidas educativas y económicas que no han funcionado en ninguna parte. El ex presidente de centro-derecha Sebastián Piñera ganó las elecciones del 17 de diciembre por un abultado margen.
¿Por qué viajó Bachelet a Cuba, en una de sus últimas apariciones internacionales antes de dejar el cargo? ¿Y por qué se reunió con el último dictador militar de las Américas, el general Raúl Castro, y no se vio con ningún miembro de la oposición pacífica durante su visita?
El anuncio del gobierno de Bachelet de que el propósito del viaje era mejorar los lazos comerciales con Cuba suena a una broma. Según la agencia de noticias EFE, el comercio bilateral entre Chile y Cuba es de menos de $40 millones al año, lo que en el comercio actual equivale a casi nada.
Si el propósito de Bachelet era aumentar las exportaciones chilenas, habría hecho un mucho mejor uso de su tiempo yendo a cualquier otro país con una economía en crecimiento. Cuba, por el contrario, está en bancarrota. Las luces de la isla ya se hubieran apagado si no fuera por los subsidios de petróleo venezolanos.
Patricio Navia, un profesor de la Universidad de Nueva York y conocido analista político chileno, me dijo que la visita de Bachelet probablemente fue un “viaje nostálgico”.
“Fue allí para cerrar un capítulo de su historia personal, desde los días de su juventud cuando apoyaba la Revolución Cubana”, me dijo Navia. “Es como si, después de treinta años de matrimonio, vas al lugar donde conociste a tu primera novia cuando tenías quince años”.
Esa es una posibilidad. También existe la posibilidad, según me sugieren algunas fuentes en Chile, de que Bachelet haya viajado a Cuba en una misión secreta para pedirle a Castro que convenza al presidente venezolano, Nicolás Maduro, de que acepte una solución negociada a la crisis de Venezuela.
México y Chile están mediando en las negociaciones entre la oposición venezolana y el régimen de Maduro. Pero las conversaciones han fracasado hasta el momento debido a la negativa de Maduro a permitir elecciones libres.
Lo más probable es que la visita de Bachelet fue un acto simbólico para establecer sus credenciales de izquierda antes de comenzar una carrera post-presidencial en Chile o en alguna organización internacional en el extranjero.
Lamentablemente, fue un simbolo del retroceso de la izquierda democrática en Chile. El término “izquierda” ha quedado en manos de los autócratas de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y de los populistas que gobernaron Argentina, Brasil y Ecuador, y hoy enfrentan acusaciones de corrupción masiva.
Eso es una verdadera lástima, porque lo mejor que le podría pasar a Latinoamérica sería tener una izquierda y una derecha democráticas, compitiendo en elecciones libres y garantizando la estabilidad y el progreso.
Andrés Oppenheimer.

lunes, enero 08, 2018

EL PAPA FRANCISCO IRÁ A PUNTA PEUCO.



Si Su Santidad se informa debidamente acerca de la realidad chilena, es seguro que va pedir se le organice una visita a Punta Peuco.
Ahí están las personas más marginadas, discriminadas y vulneradas de la sociedad chilena actual. ¿Cómo Francisco no les va a llevar una palabra de consuelo, cuando el Señor ha dicho que “los últimos serán los primeros” e instado a que acudan a Él quienes tengan “hambre y sed de justicia”?
Los internados ahí son, por otra parte, personas de avanzada edad y que han sido privados de derechos básicos que tienen los demás habitantes del país. Son los más discriminados de la nacionalidad, más incluso que los que están por nacer, pues aun éstos tienen a amplios sectores de opinión pública que los defienden de la muerte. En cambio, a los “leprosos” de Punta Peuco los han abandonado no sólo quienes fueron salvados por ellos, sino las propias instituciones donde sirvieron y a las cuales una enorme mayoría ciudadana, en su momento, dirigió un angustiado pedido de auxilio, a través de sus representantes en el Parlamento. Y precisamente los presos de ese recinto fueron los convocados a poner la cara ante el peligro armado que se denunciaba.
          Pese a eso, han sido discriminados y juzgados por un sistema carente de las garantías del que sirve para aplicar la justicia a los demás chilenos.
Ellos ni siquiera tienen un derecho fundamental de sus conciudadanos: el de que no pueden ser condenados si no se prueba que han cometido un delito. Pues ese penal está lleno de sentenciados por una mera “ficción jurídica”, es decir, se ha fingido el delito de que se les acusa. Así lo confesó su principal verdugo, el juez Alejandro Solís, en la televisión, en presencia mía, en el programa “El Informante”, en 2015.
Y la propia Corte Suprema en pleno confesó, en su Informe 8182-10, que “no hay leyes que permitan” condenar a los militares. Textual. Pero los han condenado igual.
          El Papa debe extender una mano de consuelo a estos abandonados de la mano de Dios, de la Justicia y de los hombres, tan marginados y excluidos.
Pues, por añadidura, a ningún otro chileno se le puede encarcelar si no es por una ley dictada con anterioridad al hecho que se le imputa. Así lo dice la Constitución, pero Punta Peuco está lleno de condenados por hechos de hace cuarenta años, calificados después como “delitos de lesa humanidad”, que sólo se establecieron en nuestro país por ley de 2009.
          El Papa dice velar por los excluidos, y en ese penal los reos han sido excluidos hasta de los beneficios carcelarios de los demás reos, como son las salidas dominicales o diarias y la libertad condicional, después de cumplidos ciertos años. No se les reconocen porque, por ejemplo, según sus perseguidores, no muestran “arrepentimiento”, en circunstancias de que no han cometido el delito que se les imputa y los jueces los han condenado por meras presunciones. ¿Cómo a alguien se le va a exigir arrepentirse de algo que no hizo?
          Y con mayor razón pedirá el Papa ir allá cuando sepa que están presos en ese recinto ancianos que han perdido la razón y ni siquiera saben dónde están. Ese ya es un tema humanitario. Pero incluso los privados de razón seguramente se sentirían muy contentos de que un Sumo Pontífice los fuera a visitar y les diera una palabra de consuelo, sobre todo si casi nadie más en Chile lo hace. Al contrario, los que profesan la doctrina del odio los vilipendian cuanto pueden, con la complicidad general.
          No me cabe ninguna duda de que Francisco, como hombre de conciencia que es, pedirá ir allá a llevar una voz y un gesto de consuelo a los chilenos más perseguidos, discriminados y marginados de todos. Y el Señor bendecirá esa valiente decisión.

Hermógenes Pérez de Arce.

viernes, enero 05, 2018

RAZONES PARA RENUNCIAR A LA DEMOCRACIA CRISTIANA.



Por 50 años, desde que en 1967 fui candidato a presidente del centro de alumnos de economía en la UC, he pertenecido al Partido Demócrata Cristiano (PDC). Considero que ingresamos a un partido, y ellos existen, para permitirnos vivir allí nuestra inquietud por colaborar a constituir un mejor país o comunidad nacional. La nación a que pertenecemos, y donde vivirán nuestros hijos y nietos, no es algo dado y solo externo a nosotros e inmutable. La generamos cada uno con la forma cómo actuamos y nos ocupamos (o no) de lo social. Perteneciendo a un partido podemos hacer más y mejores cosas por el país que actuando solos.
Pero eso ocurre solo si el partido al que pertenecemos nos escucha y nos permite expresar nuestras opiniones y debatirlas con respeto y libertad. La escucha es fundamental en cualquier relación y organización efectiva. Además el propósito de todo partido político es invitar a las personas a participar en lo público, en el proyecto de sociedad al que invita. ¿Pero quién va a sentirse atraído a una organización donde no es escuchado?
El PDC ha dejado de actuar de ese modo acogedor y abierto desde hace ya varios años. Algunos de nosotros, y por harto tiempo, intentamos corregir ese error, pero no lo conseguimos.
Una de mis experiencias personales en esto fue en 2007 cuando intenté participar -preparándome concienzudamente- en el último Congreso Ideológico, esa vez en la Comisión de Educación. Pero no me dejaron. Dirigentes de la juventud de entonces, apoyados por otros dirigentes y una ministra, por la fuerza impidieron que la Comisión terminara de sesionar y así sacaron una  resolución no acordada donde decretaron que el partido se oponía al lucro y a la educación particular subvencionada.
¿Qué habrá conducido a ese ánimo intolerante y poco fraternal que está destruyendo al PDC? Es una pregunta que merece otra reflexión más a fondo. Pero cabe dejar mencionado que puede ser el ansia por conquistar y mantener poder, de controlar espacios en el Estado, de conservar puestos de trabajo en el aparato estatal, incluyendo el grave error de no poner límite a la reelección de parlamentarios y usar el partido para conseguir nombramientos.
Y la gota que rebalsó mi vaso, fue que la directiva del partido apoyara la expulsión de Mariana Aylwin y otros militantes, por advertir hace exactamente dos años que la DC debía cambiar, poner el acento en el crecimiento económico y dejar un progresismo de palabra que no generaba progreso para el país.
Y en vez de promover un debate sobre estas ideas, los dirigentes y varios parlamentarios responden buscando expulsar a quienes las proponen. Por todo esto renuncio. No quiero pertenecer más a un partido con esos comportamientos.
Ernesto Tironi.

martes, diciembre 26, 2017

LA FUERZA DE MARIANA AYLWIN.



En la televisión o en los programas de radio su voz se escucha en un tono más bien suave, incomparable con la irritación que sus ideas provocan en algunos correligionarios de la Democracia Cristiana. La crispación y molestia pudiera explicarse en lo que para ella parece ser el simple ejercicio de tres postulados del partido, hoy vigentes en sus estatutos: luchar por construir una sociedad  justa y solidaria; hacer que el partido sea libre y tolerante y, tal vez la más importante, adherir sin reservas al humanismo cristiano, cuestión que constituye la esencia del ser democratacristiano.
En abril de 2016, el expresidente Ricardo Lagos Escobar escribió en memoria de don Patricio Aylwin un hermoso resumen de su personalidad, que es muy pertinente recordar en estas líneas. Dijo que a lo largo de su vida tuvo fuerza en sus convicciones, amplitud de criterio y gran tolerancia en sus ideas. Contó que don Patricio fue formado por un agnóstico masón y una ferviente católica y que de ahí aprendió el respeto por las diferencias y el entendimiento por la diversidad. Conoció también el servicio y la vocación pública, la importancia de las ideas y convicciones y la necesidad de luchar por ellas en beneficio de la sociedad.
No es extraño, entonces, que la vida de Mariana Aylwin tenga este sello tan directo y que en sus actuaciones se advierta la marca vertical del ejemplo familiar y paterno y su propia vivencia como autoridad pública y ex Ministra de Educación, entre otros importantes cargos.
Por otro lado, el PDC experimenta hoy -al igual que todos los partidos que componen la Nueva Mayoría- un síndrome de agotamiento político de graves proporciones. No solo han sido derrotados en las recientes elecciones presidenciales sino, peor aún, carecen de un ideario a futuro que ofrecer al país para los próximos años. En el caso específico del PDC, la situación puede ser más seria, pues se arriesgaron -sin un auténtico consenso- con una candidata propia, redujeron su participación en el Congreso y perdieron senadores emblemáticos y de gran carisma como Andrés Zaldívar e Ignacio Walker. En el desarrollo de la carrera presidencial fue demasiado evidente que desde dentro del partido hubo diputados y otros personeros que manifestaron su apoyo sin reservas al candidato Guillier e impugnaron siempre a Carolina Goic, contribuyendo a su derrota y al desprestigio del propio partido ante la opinión pública.
Es probable que en las próximas semanas Mariana Aylwin deba hacerse cargo de la demanda de expulsión del partido. No será, sin lugar a dudas, por haber transgredido los valores ni principios que lo inspiran, ni por haber faltado en su conducta a la rectitud en la búsqueda de una sociedad más libre, justa y solidaria. Para alguien que no es democratacristiano, como quien escribe estas palabras, ella es una expresión de honestidad y convicciones que, en estos tiempos turbulentos y de caudillos ególatras, son necesarias para nuestro país.
Alvaro Ortúzar.

miércoles, diciembre 20, 2017

FOTOS: LOS RÍOS DE LÁGRIMAS DE LA CENTROIZQUIERDA.



El lunes, la Juventud Socialista, después de una larga reunión donde discutieron las razones porque el pueblo chileno se equivocó eligiendo al representante del capitalismo, decidió que era hora de ir a la calle. Convocaron a un acto frente a La Moneda para dejar claro que las reformas se defienden. Un acierto fotográfico de la periodista Karina Zúñiga muestra una foto con 11 personas con cara de hastiados, un cartel artesanal que dice “Por el pueblo de Chile, defenderemos lo avanzado” y, de fondo, La Moneda solitaria. A la misma hora, bajo un halo solar, la gente llenaba las calles en busca de un regalo navideño.
El contraste entre 11 personas mostrando consignas que quedaron derrotadas pocas horas antes y la ciudad que anda frenética y pacífica en los días previos de la Navidad es símbolo gráfico de la incapacidad de la izquierda para entender la contundente derrota del pasado domingo. La manía de hablarse a sí misma muestra que la noche será más larga de lo que parece.
Ejemplo de ello es la columna del ex ministro Vidal, donde inventa el concepto del triunfo estratégico, metáfora sacada de la novela La Granja de los Animales o las largas peleas entre el Frente Amplio y la Nueva Mayoría sobre quién es el culpable de la victoria de Piñera. También se suman las teorías que los chilenos son “fachos  pobres” o masas atemorizadas, entre tantas otras donde la izquierda ningunea a la ciudadanía que dice representar.
Las razones porque se gana o pierde una elección son más sencillas y empiezan desde la propia candidatura.  Las malas decisiones partieron desde su origen, donde se eligió no ir a primarias y apostar por una figura sin conexión alguna con la tradición de la centroizquierda chilena de buscar avanzar construyendo acuerdos y con responsabilidad.
La sociedad chilena no ha girado ni a la izquierda, como creen varios cientistas políticos y sociólogos oficialistas, ni tampoco lo ha hecho hacia la derecha, como lloran ahora todos los que les compraron a los gurús. Simplemente, dejó de pensar en dichos ejes y elige a aquel candidato que lea mejor las necesidades de las personas.
Creyó en Bachelet en el año 2013, no porque hubiera malestar, sino porque era una persona honesta y esforzada que iba a ser capaz de hacer una gran reforma educacional, dialogando y sin descuidar el crecimiento económico. En contraste, la derecha tenía una profunda desunión, que la llevó a hacer caer varios candidatos, un serio riesgo por vinculaciones de su principal figura con cobros indebidos en el retail; con el escándalo de La Polar fresco, y la falta de un relato sobre cómo hacerse cargo de los abusos.
Ahora, Piñera tuvo en la primera vuelta y en la primera semana de la segunda una línea clara para capturar el voto de derecha y después morigeró su discurso para convencer al resto de los ciudadanos. Los errores que cometió impactaron en la élite, pero no en los electores. En contraste, el senador Guillier, frente a 44 puntos de rating, no era capaz de contestar cuánto valía su programa o qué iba a hacer con el CAE, asuntos imperdonables en Lagos o Bachelet.
A la socialdemocracia en Chile le llegó la misma enfermedad mundial. Su modelo de justicia social con crecimiento económico quedó ahogado entre la corrupción, por un lado, y el populismo de izquierda, por el otro. Quizá debieron haber aprovechado mejor la visita de Pepe Mujica y escuchar su visión de que la izquierda tenía que olvidarse del todo o nada, porque generalmente terminaba en nada.
Carlos Correa.
El antes del saludo protocolar de Bachelet al presidente electo Sebastián Piñera:

Y la hipócrita llamada, que diferencia, no??

lunes, diciembre 18, 2017

LA NOCHE DE LA PALIZA.



Las elecciones generales de este año han favorecido a la derecha en todos los campos, un desplazamiento estructural que ha concluido con una paliza en la contienda presidencial. La diferencia de nueve puntos era inesperada para todos, adherentes u opositores, y si no llegó a ser humillante es sólo porque ha habido peores. Toda la estridencia empeñada por el gobierno en la segunda vuelta se muestra ahora como lo que fue desde el primer momento: un gesto tardío, apenas por cumplir, inconvincente y desenergizado. El gobierno hizo el gesto, ya no se sabe si porque Piñera le cae mal o porque no ha querido ser acusado de entregar de nuevo el gobierno al adversario, igual que hace ocho años, pero es difícil considerarlo como un gesto comprometido.
Nuevamente, la elección de ayer se realizó en dos mundos: el apasionado campo de los comandos, encarnado sobre todo en los apoderados, y el espacio más racional, encadenado al aburrido rigor de los datos, de los propios candidatos, que saben que al final del día deben cumplir un rito desigual: victorioso el uno, triste el otro.
Este último papel le tocó ayer a Alejandro Guillier, el candidato independiente que quedó en pie después del suicidio masivo de la Nueva Mayoría, y lo encaró con la dignidad que tuvo durante casi toda la campaña presidencial, una de las más extenuantes de lo que va del siglo. Guillier soportó no sólo los ataques políticos propios de una contienda presidencial, sino también ofensas directas y una clara propensión al basureo. Poco sacó Marco Enríquez-Ominami con llamar a “no repetir mi error del 2009” después de usar cuanto foro tuvo para decir que Guillier era incapaz (además de desganado). Poco podían convocar los otros candidatos de la primera vuelta a respaldar a un candidato al que dieron un trato personal tan desagradable. Y muy poco podían ayudar los dirigentes del Frente Amplio que llamaron a votar por Guillier advirtiendo siempre que los votos suyos no eran suyos y que el candidato no se había allanado a asumir sus propuestas.
Guillier sufrió una paliza, pero en el discurso con que reconoció el triunfo de Piñera dio una verdadera lección política, convocando a una autocrítica que la centroizquierda no quiso hacer después de que los hechos le mostraban que ya no era mayoritaria. Guillier tuvo anoche la estatura que le faltó en muchas ocasiones durante la campaña, en una gran medida porque se lo impidieron, y en otra medida porque él mismo tuvo serias dificultades para asumir una candidatura que exigía dar más órdenes y recibir menos consejos.
Guillier encabezó una coalición que se hundía, mientras tenía al frente a otra organización seducida y ordenada por su experiencia en el gobierno. Lo que hizo es más que heroico, pero de seguro no faltarán los que digan que la derrota se debió principalmente al candidato. En política siempre es más fácil matar al portavoz.
Increíblemente, fue Piñera y no Guillier quien logró el milagro de aumentar el número de votantes en segunda vuelta, fenómeno que sólo había logrado Ricardo Lagos después de sufrir un serio susto ante Joaquín Lavín.
Que la derecha dé muestras de esta capacidad de movilización es otra confirmación de la complejidad que está teniendo el cambio social en Chile, y que su dirección no es una “propiedad” de la izquierda. Además de elegir mayoría de alcaldes, un sólido volumen de cores y el mayor número de parlamentarios que nunca había conseguido, ahora ha logrado aumentar el número de votos cuando se ha visto amenazada en una segunda vuelta. La manera negativa de decir esto es que fue motivado por el miedo, como el laguismo en 2000. La manera alternativa es constatar que la derecha tiene ahora una fuerza que se creía reservada en forma exclusiva a la izquierda.
Ascanio Cavallo.